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lunes, 20 de julio de 2015

El diván del sociólogo: 'Tempus fugit'


Ayer mientras hacía cola en la línea de caja de un centro comercial cualquiera, oí a una  señora ya entrada en años cómo se quejaba amargamente de la espera  porque solo había una caja abierta. Bramó literalmente a su acompañante "piensan estos que nuestro tiempo no vale". De repente, como un huracán de flashes, me vino a la mente escenas similares que he vivido en otros contextos. Como por ejemplo en la cola de la ventanilla del banco, en la sala de espera de los consultorios médicos donde los juramentos en hebreo resuenan por doquier, en la mismísima cola del paro, paradójicamente, nadie puede parar de mover los pies en evidentes signos de desesperación. Y aquellos que antes de cambiar el disco del semáforo ya están  prestos y dispuestos a obsequiar al conductor de delante con su asidua "pitorrada".

Y volví a la pregunta originaria. ¿Cuánto vale nuestro tiempo? Pero aún pensé algo más. ¿Qué clase de tiempo quiero? Según datos actualizados del INE (instituto  Nacional de Estadísticas), la esperanza de vida en España es de 80 años en el hombre y 85 años en la mujer. Pero esto son términos cuantitativos. Si nos fijamos en  nuestro alrededor vemos que nuestra calidad de vida se ve mermada por nuestro estilo de vida. Correr y correr como pollos sin cabeza, agobiados, saturados, con prisas innecesarias. ¡Lo queremos todo y lo queremos ya! No podemos dejar pasar ese bus, tenemos que ser los siguientes en ser atendidos. "No tengo tiempo", "voy muy liado". Estas expresiones ya forman parte de nuestro lenguaje cotidiano.

domingo, 17 de mayo de 2015

El diván del sociólogo: All in... all out


En estos últimos años se viene produciendo un fenómeno bautizado como “la fiebre del Póker”. En el imaginario colectivo aún pervive la visión del jugador de Póker en el Salón del lejano Oeste con el whisky en la mano, el puro, revólver preparado y alguna cantinera de voluptuosas curvas. Por ende, permanece la imagen negativa asociada a este juego.

Sin embargo, en estos últimos años se ha producido una metamorfosis. Los responsables de este cambio de look son en primera instancias las grandes casa de apuestas y casinos on-line que han proyectado un prototipo de jugador muy alejado de aquella imagen de timbas clandestinas rodeados de humo y alcohol. Surge así el jugador entre 20 y 40 años ataviado con un kit básico compuesto principalmente de gorra, gafas de sol, y auriculares. Jóvenes entre los que la mujer se va introduciendo paulatinamente. Aparacen paradigmas alejados de lo que conocemos por azar, califican al Póker como un juego probabilístico, un juego de estrategia matemática. Ya no son personas que únicamente buscan una dosis de emoción, sino personas de nivel y formación académica alta, y si no, cuando menos, personas capacitadas para no dejar al azar sus decisiones.